Tulum: Ediciòn No. 38 (Septiembre, 2008)
TULUM: Repensando la Realidad Social Latinoamericana.
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(Fotos: Congreso Bolivariano de los Pueblos: CBP)
Revista de Anàlisis de Fondo
RAF-TULUM
Ediciòn No. 38
(Septiembre)
Contenido:
1- “¿ALTERMUNDISMO O ANTI-HEGEMONISMO?”.
Por: Sergio Barrios Escalante.
2-.”DISCURSO DE MIGUEL D`SCOTO A 63 a. ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU”.
3-“FINES DE UNA POLITICA EXTERIOR DIGNA Y CONGRUENTE”.
Por: Franciso Javier Bautista Lara.
4- “LA PARTICIPACIÒN SOCIAL Y LA POLÌTICA EN AMÈRICA LATINA”.
Por: Fernando Bermùdez.
5- “VII CONGRESO CENTROAMERICANO DE ANTROPOLOGÌA: MESAS DE TRABAJO INSCRITAS”.
Por: Marìa Dolores Alvarez Àrzate.
6. COLOQUIO 7: ALREDEDOR DE LA OBRA DE MARIO LÒPEZ LARRAVE: “BREVE HISTORIA DEL MOVIMIENTO SINDICAL GUATEMALTECO”
Convoca: Grupo Universitario “IXMULEV” (USAC-GUATEMALA).
7. KULTUR-TULUM: APERTURA DE LA SECCIÒN CULTURAL DE ESTA REVISTA EN OCTUBRE PRÒXIMO.
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¿ALTERMUNDISMO O ANTI HEGEMONISMO?
Introducción:
El objetivo del presente escrito se orienta a enfatizar la necesidad urgente por parte del movimiento social altermundista, de adoptar definiciones y decisiones estratégicas vinculantes. En particular, estas anotaciones van dirigidas al conglomerado de organizaciones sociales que dentro de pocos días se dará cita en el Tercer Foro Social de las Américas, el cual se realizará en las instalaciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala, en la segunda semana de octubre próximo.
Los límites políticos del altermundismo
Es ampliamente conocido que el denominado movimiento altermundista emergió con fuerza a fines de los años noventa al calor de las intensas luchas y movilizaciones anti-capitalitas y anti-neoliberales, en especial, encabezados por una extensa gama de actores sociales y políticos de reciente raigambre (desde movimientos de mujeres, de defensa de derechos de los grupos gay y homosexuales, hasta organizaciones ecologistas y de defensa de los derechos de las ballenas), para nombrar apenas un minúsculo vértice de una inmensa y heterogénea pirámide social de verdadero carácter mundial.
Es igualmente conocido que las famosas manifestaciones de Seattle y Québec, con la movilización y participación de decenas de miles de militantes sociales de los más diversos rincones del planeta, marcaron el punto álgido del activismo altermundista.
Se ha dicho sin embargo, que desde aquellos momentos de sorprendente clímax movilizativo y organizativo internacional, en general los últimos años el movimiento altermundista ha venido perdiendo impulso o “momentum”.
De esa cuenta, se ha dicho no sin razón, de que al menos en algunas zonas importantes de América Latina, se ha producido en los últimos años un incuestionable salto cualitativo en el escenario político, el cual, si se quisiera focalizar geográficamente, se situaría en los siguientes lugares; Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Uruguay, Nicaragua y Paraguay.
En ese mismo sentido, se ha resaltado que muchos de éstos cambios políticos anti-neoliberales ocurridos en esos países, está siendo protagonizado por corrientes, movimientos y fuerzas políticas no siempre encabezadas por los mismos actores del movimiento altermundista.
La raíz fundamental de tal diferenciación en los “tiempos” y “caminos históricos” entre partidos y movimientos políticos electoralmente triunfantes y el altermundismo militante, tiene mucho que ver con el notorio desencanto y alejamiento de éstas corrientes sociales hacia el juego político-electoral, precisamente la “plataforma” que le ha garantizado su reciente éxito a la gama de partidos y fuerzas políticas anti-neoliberales, que por ahora detentan en sus manos la administración del Estado en la mayoría de los países arriba citados.
Y ésta diferenciación en los “caminos” entre partidos políticos anti-neoliberales y el movimiento alter mundista, es la que hoy en día está bajo creciente crítica, debido a que se dice (justificadamente, según mi modesta opinión), que los movimientos sociales per se no están en condiciones de construir poder anti-hegemónico de cara a las actuales fuerzas neoliberales y ultra-capitalistas, ello, por la sencilla razón de que no es posible emprender cambios estructurales e históricos desde fuera del sistema político imperante en cada localidad, región o país.
Estas críticas son ilustradas por ejemplo, por lo dicho en un reciente artículo de Fernando Bossi (Secretario de Organización del Congreso Bolivariano de los Pueblos), quien citado textualmente ha dicho lo siguiente;
“Es atinente insistir en la necesidad de que los movimientos sociales del ALBA y aquellos que aspiran a ingresar, entiendan que hemos entrado en una nueva etapa de la lucha revolucionaria en Nuestra América. De la resistencia al modelo neoliberal de la década de los 90, hemos pasado, como bien lo destaca Emir Sader, a otra fase, “la de construcción de alternativas y de la disputa por una nueva dirección política”: y agrega: “Quien no entiende esa nueva fase, dejó de captar la marcha de la lucha antineoliberal. Quien persiste en la “autonomía de los movimientos sociales” quedó relegado al corporativismo, oponiendo autonomía a hegemonía y renunciando a la lucha por la construcción del “otro mundo posible”, que pasa por la conquista de gobiernos, para afirmar derechos –dado que el neoliberalismo es una máquina de expropiación de derechos” (“Los movimientos sociales en el ALBA”: Fernando Bossi; CBP; 25/08/08).
¿Correas de transmisión o fuerzas de complemento?
Por simple, natural y comprensible tradición anti-autoritaria, buena parte de los movimientos sociales latinoamericanos son y han sido hostiles a las fuerzas políticas gobernantes, e incluso cuando algunas de éstas corrientes de inclinación democrático y popular logran la administración del Estado, los movimientos sociales casi instintivamente tienden a alejarse o a colocarse en la acera de la oposición.
Esta actitud es parcialmente justificada por muchos activistas sociales como una necesaria defensa ante lo que el sub-comandante Marcos denomina como el “síndrome del estomago”; “todo lo que el sistema digiere lo hace mierda…”. En general los movimientos sociales al relacionarse acrítica y subordinadamente al Estado temen terminar siendo meras “correas de transmisión” de fines e intereses estrictamente partidarios.
Hasta cierto punto (pero solamente hasta cierto límite), la preocupación es válida y justificada, pues a la larga la completa cooptación política de cualquier movimiento social (sean éstos gremios, sindicatos, universidades etc.), termina ahogando el ejercicio democrático de la vida interna de tales entes y, produce un vaciamiento de representación y legitimidad social de dichas organizaciones ante el desprestigio de sus liderazgos y el sub-secuente abandono masivo de sus miembros afiliados.
Un peligro similar ocurre igualmente cuando los dirigentes sociales se convierten en funcionarios estatales con miras a lograr “mayor incidencia”, y terminan alejándose del sentir e intereses de sus bases.
El círculo vicioso se rompe cuando entre los movimientos sociales y las fuerzas políticas en calidad de gobierno logran establecer acuerdos y relaciones de mutuo respeto y complementación política (lo cual requiere, por supuesto, buena voluntad y disposición política de ambas partes).
Ambas fuerzas (las sociales y las político-estatales progresistas), deben siempre recordar que ni en política ni en amores se pueden extender cheques en blanco.
¿Foros o Frentes?
Otro aspecto relacionado con lo anterior es el dilema (real desde mi punto de vista), que a partir de las nuevas realidades políticas de América Latina se plantean entre la existencia de foros y la de frentes.
Es harto conocido que el movimiento alter mundista está conformado en gran parte por una lógica espacial o geográfica, geo-política y socio-cultural, todo ello sintetizado en la estructuración orgánica denominada “Foros” (Foro Social Mundial, Foro Social de las Américas, Foro Mesoamericano, etc.).
Es evidente que ésta estructura político-organizativa responde a las necesidades de la búsqueda de la horizontalidad, y es un natural rechazo a las viejas experiencias autoritarias de los sistemas partidarios ex-socialistas, y de las antiguas vanguardias revolucionarias de América Latina, África y Asia.
Es además, un intento por abrazar la enorme heterogeneidad socio-cultural que por muchos años fue negada por todo tipo de partidos y movimientos políticos de izquierda, particularmente, durante las largas décadas del clima político de la guerra fría y, del auge del autoritarismo militarista revolucionario de los años 60s, 70s e inicios de los 80s.
En suma, el carácter inclusivo y abierto de la estructura organizativa de los foros del movimiento alter mundista ha sido hasta ahora su principal característica y fortaleza, en particular, frente al vacío de alternativas políticas dejado por el derrumbe del campo socialista y, frente el fracaso de las aventuras revolucionarias de la mayoría de los movimientos de liberación nacional.
Sin embargo, esa fortaleza ahora se convierte en una debilidad, principalmente debido a las exigencias naturales que impone la puesta en marcha de todo proyecto político (estrategia global, direccionalidad política, identidad ideológica, programa mínimo, destacamentos de vanguardias –cuadros políticos-, etc.).
En apariencia hasta hace muy poco tiempo nada de ello parecía necesario pues el llamado tercer mundo estaba sin proyecto político internacional, de hecho, por esa misma razón es que surgió el movimiento alter mundista, como una forma o intento de llenar el enorme vacío político histórico luego de la remoción de la última piedra del muro de Berlín y el desgaje de
la URSS.
Pero ahora la periferia del capitalismo ya tiene nuevamente proyecto histórico, que en términos generales sería el “socialismo del siglo XXI”, y que para América Latina toma (o retoma) el nombre de “Revolución Bolivariana”, y cuya versión económico-social sería el “ALBA”.
Por estas y no por otras razones, es que me inclino por considerar pertinente la transformación política del movimiento alter mundista, migrando conceptual, ideológica y orgánicamente desde el “foro” hacia el “frente”.
A esos efectos, conviene recordar ciertas enseñazas elementales de la historia; sin fuerzas políticas nunca han sido posibles los cambios sociales, y a su vez, sin vanguardias nunca ha sido posible la existencia de fuerzas políticas.
La diferencia es que ahora las nuevas vanguardias revolucionarias ya no necesariamente son de exclusiva naturaleza “político-militar”, sino fundamentalmente, “político-económicas”, y cuya raigambre social va (o tendría que ir) desde los niveles local-comunitario hasta lo regional-mundial.
¿Consenso de Washington o Consenso de Caracas?
Toda fase de transición está preñada de un alto grado de incertidumbre. Lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. En la actualidad, al menos para América Latina, el actual momento transicional se caracteriza por la prolongación de la agonía neoliberal y el retardo del nacimiento de la nueva respuesta política.
Al respecto, se ha cuestionado por parte de diversos analistas considerados progresistas (algunos de ellos bastante prestigiados), la profundidad real de las transformaciones sociales actualmente en marcha en la mayor parte del sur de América, poniendo en duda el carácter revolucionario de las mismas (Petras, por ejemplo, ha sostenido en varios de sus escritos, que no hay tal “giro hacia la izquierda” en países como Venezuela, Bolivia, Brasil y Argentina, sino una mera “nacionalización del neoliberalismo”).
Los cuestionamientos citados tienen mucho que ver con el evidente grado superficial de las transformaciones estructurales, en las cuales la expropiación y confiscación de los clásicos manuales revolucionarios no son la norma general ni en Bolivia ni Venezuela, que actualmente son los dos procesos de avanzada en América Latina.
En todo caso conviene recordar la obligatoria naturaleza gradual de los actuales procesos de cambio social (que desafían el historicismo lineal de los antiguos manuales clásicos del marxismo), y ahora, por esencia histórica propia, van desde lo electoral hasta la esfera de lo social-distributivo, pasando por lo jurídico-institucional (de la super-estructura hacia la base económica), es decir, en sentido inverso al orden mostrado en los clásicos procesos revolucionarios del siglo XIX y el XX.
De alguna manera todo ello trae a la memoria las palabras del extinto líder latinoamericanista Omar Torrijos, quien al respecto solía decir más o menos textualmente que “únicamente en los párrafos de los libros las revoluciones se producen en línea recta….”).
Más allá de caer en la tentación de postular “la vía venezolana” como el único modelo o paradigma de los cambios sociales para América Latina en el siglo XXI, si me parece conveniente resaltar su necesario y preliminar carácter re-nacionalizador y refundacional de Estado y de la economía, tras largas décadas de depredación privatizadora que de igual forma ha asolado a todas las naciones latinoamericanas.
Quizá esto es lo que está tratando de señalarnos y recordarnos el profesor Petras. Que la estatización (o re-estatización) no es la meta socialista, sino únicamente un escalón hacia ella.
Como nos dice Michael Lebowitz, al analizar retrospectivamente el caso de la URSS y la antigua Yugoeslavia; “ambos casos demuestran que la propiedad jurídica de los medios de producción por parte del Estado jamás debe confundirse con las relaciones socialistas de producción” (“Gestión Obrera, Desarrollo Humano y Socialismo”; M. Lebowitz; Revista Temas, No. 54, abril-junio, 2008).
En todo caso, quizá convendría atender al hecho de que en las actuales condiciones históricas en las que nos ha colocado el desarrollo del capitalismo más salvaje y depredador, las rutas más viables y posibles para el cambio social a favor de los sectores populares transita más por el lado de la reforma (institucional y económica) que por el lado de la clásica revolución radical.
Por supuesto que sabemos de antemano que lo político no se agota en lo económico, pero es en ésta esfera (y en algunos lugares quizá también en la jurídica-institucional), desde la cual tenemos las posibilidades más inmediatas, concretas y viables para empezar a empujar el “carro” de los nuevos cambios sociales.
Por ello resulta de importancia singular que los latinoamericanos tengamos finalmente identificada y formulada la nueva respuesta política; el ALBA. Falta ahora, su operacionalización política, económica, social y cultural.
Es evidente que el aspecto político de ésta propuesta va avanzando, y Honduras ha sido el más reciente país que se ha integrado al nuevo proyecto político latinoamericano (hecho producido a fines de agosto recién pasado), siendo ahora un cuerpo de seis naciones, junto a Cuba, Bolivia, Venezuela, Nicaragua y República Dominicana.
Empieza ahora la necesaria e impostergable fase de incorporación de los movimientos sociales latinoamericanos, y tal y como sostiene F. Bossi, el actual desafío de éstos consiste en incorporarse al denominado “Consejo de Movimientos Sociales del ALBA”, con el objetivo de articular y promover los distintos programas contemplados al interior de los llamados “Proyectos Grannacionales” (18 en total hasta el momento), y/o además, proponer el desarrollo de otros proyectos nuevos…(F. Bossi; artículo citado).
En consonancia con ello, sostengo que sería deseable esperar entonces que durante la celebración del próximo Tercer Foro Social de las Américas, las organizaciones y movimientos participantes (particularmente, las de mayor representatividad social), asuman un compromiso concreto respecto a este aspecto trascendental, que permitirá empezar a hacer “aterrizar” el ALBA en todos los rincones de nuestro continente, y que ayudará a acelerar el crepúsculo del neoliberalismo.
Conclusiones
El movimiento mundial alter mundista en general, y el latinoamericano en particular, debe de tener la suficiente humildad reflexiva para reconocer sus actuales limitaciones políticas, ideológicas y organizativas.
Debe reconocer a su vez, la inutilidad práctica del desarrollo del debate y la discusión política como fines en sí mismos (los foros no pueden quedar únicamente como meros encuentros de “refritación” de la realidad y de las problemáticas), y estar en disposición de atender a los nuevos cambios cualitativos en el escenario político latinoamericano, así como las necesarias transformaciones de enfoque y práctica política que de ello se derivan para todo el conjunto del movimiento social latinoamericano.
Igualmente, debe tener la suficiente sagacidad para identificar las distintas formas de cooptación neoliberal de que muchas veces es víctima, las cuales no siempre y necesariamente provienen del conocido país del Norte, cooptación que muchas veces adquiere la forma sutil de dependencia económica-financiera, y que a la larga deriva en fragmentación y atomización extrema del conjunto del movimiento social.
A su vez, conviene que el movimiento social latinoamericano se incorpore activamente a la promoción del “Consenso de Caracas”, recordando y reconociendo que no hay proyecto político sin destacamento de vanguardia, y que ésta vez (así como en su turno fue México en tiempos de Villa y Zapata; Guatemala en tiempos de Árbenz; Chile en tiempos de Allende; Cuba hasta el día de hoy; Bolivia en tiempos del primer MNR; Perú en tiempos de Haya de la Torre y Mariátegui; Nicaragua en tiempos de Sandino y Carlos Fonseca), ahora el papel de catalizador histórico de la revolución latinoamericana le ha correspondido a Venezuela, y que toca a los movimientos sociales progresistas ayudar a dar concreción y empujar estas nuevas ideas y proyectos de cambio social.
Por lo demás, auguramos un exitoso, productivo, decisorio (y decisivo) encuentro de los movimientos sociales latinoamericanos en Guatemala, y que sus deliberaciones desemboquen en importantes e históricas decisiones y compromisos vinculantes, que permitan un salto cualitativo rumbo hacia los nuevos retos y desafíos para las fuerzas sociales populares, revolucionarias y nacionalistas de América Latina y del Caribe.
Sergio Barrios Escalante
Científico Social, Investigador y Consultor en temas socio-económicos y políticos. Ensayista y Escritor.
Editor de la revista virtual “RAF-Tulum”.
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“DISCURSO DE MIGUEL D`SCOTO A 63 a. ASAMBLEA GENERAL DE NACIONES UNIDAS”.
discurso-miguel-descoto-a-63-ag.pdf
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FINES DE UNA POLÍTICA EXTERIOR DIGNA Y CONGRUENTE
Es imposible, en un mundo cada vez más globalizado, que demanda la integración regional bajo nuevas reglas de solidaridad y cooperación para navegarlo, desde una economía pequeña, dependiente y con profundos desequilibrios socioeconómicos de desigualdad y pobreza, con una incipiente calificación de su mano de obra sin oferta de empleo y que se ve obligada a inmigrar, sin desconocer los antecedentes históricos de intervención militar y política, los daños de la desmembración del territorio nacional en la proximidad a un país con tentáculos evidentes de expansión imperialista enfocado a la defensa de sus propios intereses que ha dado la espalda, equivocadamente, a América Latina, no desarrollar con sensatez una política exterior que tenga cuatro objetivos prioritarios cuya vigencia sean de largo plazo, asumidos como nación, trascendiendo un periodo gubernamental:
(1) Obtención de flujos estables de cooperación externa bajo condiciones preferenciales que permitan crear condiciones para la reducción de la desigualdad socioeconómica y la dependencia, contribuyan a reducir la extrema pobreza y la pobreza con audaces programas de educación y salud pública acordes a los objetivos del III milenio de desarrollo humano, promuevan el apoyo presupuestario, la sanidad macroeconómica sin sacrificar el gasto social tratando de solventar la amplia deuda social que el modelo de un capitalismo feudal impuso, apoyen la transparencia y el fortalecimiento institucional, la profesionalización de las entidades públicas, el desarrollo sostenible y protección medioambiental, las vías de comunicación (hacia el interior yla Costa Atlántica), la ampliación de la infraestructura social y económica.
(2) Promoción de la inversión internacional, pública y privada, enfocada a sectores claves para el desarrollo, principalmente la generación energética limpia y renovable, sin ceder la capacidad de regulación y control pertinente del Estado, sin sacrificar los recursos naturales; al sector agropecuario para la producción de granos básicos y alimentos para el consumo, para la autosostenibilidad y la exportación, la diversificación de la pesca y el turismo; la construcción de viviendas populares, la generación de empleo de “calidad” que desarrolle los recursos humanos y no sea simplemente “maquiladora” de tecnología ajena sobre la que no se adiciona valor agregado y los principales beneficios se destinan a los dueños de los “enclaves de ensamblaje”.
(3) Apoyar los procesos migratorios para proteger a los nacionales en el exterior, dado que más de un 1.1 millones de nicaragüenses, por razones principalmente económicas, residen en el extranjero, mayoritariamente en Florida, California, Costa Rica y otros países Centroamericanos, son fuente de divisas a través de las remesas, las cuales se convierten en el segundo rubro de ingresos por exportación forzada de nuestra “mano de obra barata”. Esa numerosa población de nacionales y sus descendientes residiendo fuera, no pueden ni deben ser desvinculados de la vida política, cultural y social del país, se requiere promover acuerdos con los países receptores para su protección y legalización, disponer las oficinas diplomáticas y consulares para la comunicación y mantener el vínculo con esa importante parte de Nicaragua, casi del mismo tamaño poblacional de Managua.
(4) Solución favorable a los intereses nacionales en los conflictos territoriales, presentando los argumentos nicaragüense en los foros jurídicos, académicos, periodísticos, políticos y diplomáticos respectivos, con un lenguaje firme pero no belicista, de respeto al derecho internacional, en donde, un país pobre y débil, abierto al diálogo equitativo, demanda sostenidamente a la justicia internacional la restitución del derecho legítimo e histórico sobre el mar, sus cayos e islas, el derecho soberano sobre el río San Juan y la precisión de otros límites con Honduras, Colombia y Costa Rica, que se ha pretendido quitar o usufructuar para beneficios extranjeros.
La política exterior debe pretender en esencia “vender la imagen de Nicaragua” en el exterior, ante otros gobiernos y foros internacionales, resaltar nuestras virtudes y facilitar que los nicaragüenses, sus productos, sus fortalezas y experiencias, su cultura e historia, sus bellezas naturales y riquezas, sean conocidas y que los derechos de la nación y sus ciudadanos, respetados.
Habiendo generado un ambiente propicio fluya la cooperación, se facilite la inversión y se obtenga el apoyo político-diplomático a las gestiones que la nación emprenda. El nombramiento del P. Miguel D´Escoto como Presidente dela Asamblea General de Naciones Unidas en 2008
puede ser una oportunidad aprovechable y es un éxito diplomático del Gobierno de Nicaragua.
Sin sacrificar los principios de soberanía, independencia y autodeterminación, es posible luchar por preservar esos objetivos, insistir con ellos independientemente de los cambios gubernamentales en nuestro país y en los vecinos cercanos y lejanos.
Luchar por ello, no es sólo una ineludible obligación política de quienes ostentan el poder, también es un derecho que tenemos todos y todas las nicaragüenses para un futuro mejor. No podemos dar bandazos erráticos, ni responder con emotiva irresponsabilidad ante las volátiles circunstancias nacionales y extranjeras.
Es importante preservar la dignidad revolucionaria de un país pobre que pretende salir de la pobreza, sin ofender ni desacreditar a quienes nos ayudan, tampoco “lamer las botas del capitalismo autoritario”, sin bajar la cabeza ante la “Europa colonialista”, pero si reconociendo con gratitud el apoyo, pidiéndolo y aceptándolo sin condicionamientos, tal y como es, una obligación de quienes en el pasado (y aún ahora) lanzaron al abandono a un grupo de países empobrecidos, saquearon sus riquezas, crearon y apañaron dictaduras y gobiernos autoritarios, impusieron precios injustos a nuestros productos, aplastaron su resistencia anticolonialista, exterminaron, esclavizaron y arrancaron de sus raíces una multitud de negros, indios y mestizos, nuestros antepasados; ellos por lo tanto tienen una gran deuda, una culpa por saldar, agravada ante nuestras propias culpas y responsabilidades; nosotros necesitamos la ayuda económica y técnica.
Nuestras circunstancias como país requieren prudencia en el discurso, el lenguaje, la actuación y la gestión, el contexto económico externo es obviamente adverso, la inflación de precios de los productos básicos que se escasean, el petróleo, insumo fundamental en nuestras vidas, presenta una creciente factura que, (independientemente del crédito venezolano) es tres veces más alta de lo que el país podía pagar con dificultad hace cuatro años, podemos alzar la voz con respeto, estamos obligados a poner sobre la vista pública los argumentos para defender los derechos nacionales, criticar la injerencia dañina y revertir las políticas nacionales excluyentes e impunemente sesgadas a favor de intereses oligárquicos o elitistas, para comenzar algún día, tal vez sea posible, a pensar en el ser humano, las personas, los nicaragüenses, prioritariamente quienes se encuentran más vulnerables en su posición social y económica
Una política exterior no puede ser ajena a la política de desarrollo humano nacional integral y sostenible. Son indiscutiblemente inseparables.
Francisco Javier Bautista Lara.
Managua, 22 julio 2008.
www.franciscobautista.com
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LA PARTICIPACIÒN SOCIAL YLA POLÌTICA EN AMÈRICA LATINA
Hay quienes dicen que cada pueblo tiene los gobiernos que se merece, y que los gobiernos serán lo que sea el pueblo. Hasta cierto punto esto es verdad, pero no siempre es así. América Latina, y concretamente, Guatemala, ha vivido largos años en la noche de terror impuesto por los regímenes militares respaldados por el gobierno de los Estados Unidos.
El movimiento social, integrado por distintos sectores de la sociedad civil; indígenas, campesinos, obreros, estudiantes, mujeres, profesionales, pobladores de áreas marginales fueron brutalmente reprimidos.
Sus líderes fueron perseguidos, secuestrados y asesinados. Esto dio origen, en el caso de Guatemala, como también en otros países del continente, a la insurgencia armada.
El conflicto armado de Guatemala, que se prolongó 36 años, dejó más de 200,000 muertos y 40,000 desaparecidos. Desde la firma de la paz, los antiguos ex –combatientes guerrilleros transformaron la lucha armada (que en un tiempo era la única salida para el cambio), por la lucha que nace en la consolidación de la paz que nace de la justicia, uniéndose a este proyecto toda la sociedad civil.
Hoy es la sociedad civil la protagonista de las luchas sociales y populares. Si bien la firma de la paz no logró erradicar las causas que dieron origen al conflicto armado, sin embargo, las organizaciones sociales han comprendido que la vía para lograr los cambios que Guatemala necesita es la organización y lucha social y popular.
Esto se está viendo en varios países como Bolivia, Ecuador y Paraguay…Hay una tendencia ha conformar movimientos sociales amplios en donde participan distintos sectores sociales y populares.
Sin embargo, en el movimiento social guatemalteco, y latinoamericano en general, nos encontramos con una gran dificultad; la pobreza, que en amplios sectores es extrema. Mucha gente no tiene espacio para organizarse y luchar. La preocupación por conseguir el alimento diario, aunque sea mínimo, acapara la atención de los pobres.
En los países ricos del norte, también hay otro obstáculo para la organización social, que es lo opuesto al del sur: el acomodamiento a la sociedad del bienestar que adormece las conciencias y endurece el corazón frente a los problemas del hambre del sur.
No obstante, el movimiento social crece. Concebimos el movimiento social y popular como una red de organizaciones (campesinas, sindicales, ONGs, grupos ecologistas, de derechos humanos, de mujeres, comunidades cristianas conscientes…), que buscan un cambio de las estructuras socio-económicas y políticas mediante la participación ciudadana y las propuestas de desarrollo comunitario integral.
Hace años el movimiento social acentuaba la protesta frente al sistema, hoy, sin abandonar ésta, hace más énfasis en la propuesta. Ahí tenemos, por ejemplo, los Foros Sociales, en los que aparecen propuestas alternativas al modelo capitalista neoliberal.
Desde nuestra experiencia percibimos que el trabajo de participación socio-política comienza con
la Formación mediante talleres a todos los niveles de análisis de la realidad social, económica, política, medioambiental, tanto a nivel local como nacional y mundial, estudiando sus causas y efectos.
Esta ha sido una de las tareas que la iglesia latinoamericana ha realizado, iluminando
la Realidad con la palabra de Dios, y los documentos de Medellín y Puebla fundamentalmente. Es en éste campo donde más nos hemos concentrado en nuestro trabajo de 30 años en América Latina.
Después se pasa a un segundo nivel que es la sensibilización o concientización. Cuando se asimila la realidad conscientemente, con sensibilidad social, cuando duele la injusticia y el sufrimiento de la gente, no se puede permanecer indiferente. Esto ya es la base para un tercer paso; la organización.
La eficacia en la participación de la vida social y política radica en una buena y sólida organización. En Guatemala, por ejemplo, abundan las organizaciones sociales de grupos indígenas, de mujeres etc.
Esto es una esperanza, pero todavía están desarticuladas. El fortalecimiento del movimiento social radica en la articulación unitaria y cohesión entre las distintas organizaciones sociales y populares, de manera que lleguen a conformar una gran red de redes a nivel nacional.
El pecado del movimiento social y popular, tal como yo lo he percibido en Guatemala, es el sectarismo. Hay organizaciones y personas que, tal vez sin pretenderlo expresamente, se creen poseedores de la verdad y los únicos protagonistas de la lucha y del cambio social, excluyendo a otros grupos y personas comprometidas con la causa. Pesan todavía los prejuicios y desconfianzas. Esto genera división y desgaste.
Sólo con una organización amplia y verdaderamente democrática y participativa, configurada como una gran red, será imparable la movilización y la lucha por una sociedad alternativa, que seria el cuarto paso.
Es así como pasaríamos de una democracia meramente representativa y demagógica, a una democracia real y participativa, en donde los problemas y el futuro se resuelven y trazan conjuntamente entre los gobernantes y la sociedad civil.
En la realidad latinoamericana los cambios no van a llegar tanto por los partidos políticos sino sobre todo por el movimiento social y popular, con conciencia de ser una nueva izquierda revolucionaria, coherente.
Lamentablemente, muchos partidos de izquierda, en vez de ser una expresión del movimiento social y popular, se han convertido en meras máquinas electoreras.
Aparecen y toman fuerza cuando se aproxima una campaña electoral, respondiendo a determinados intereses de grupo. Parece que sólo les interesa el poder, no el pueblo, aunque hablen en nombre del mismo, que es utilizado como escalera.
En la práctica muchos partidos actual distanciados del movimiento social, de las necesidades sentidas del pueblo y de sus luchas reivindicativas.
Los partidos políticos, tanto de derecha como de izquierda, han entrado en crisis. Los de derecha, porque, por su demagogia, falta de ética social y defensa de los intereses económicos de los grandes empresarios, han perdido credibilidad ante el pueblo.
Y los de izquierda porque se han distanciado de las organizaciones sociales y de las necesidades del pueblo, y en muchas ocasiones utilizan a las organizaciones sociales, como los sindicatos, como correa de transmisión del partido.
También los partidos de izquierda se ven amenazados o contaminados por el síndrome del electoralismo. Muestran más interés en alcanzar el poder que en promover las transformaciones sociales, económicas, políticas y ambientales que figuran en su ideario programático.
Se siente cada vez más esta crisis de representatividad en la clase política, por las promesas no cumplidas, la corrupción, el sectarismo partidista, la demagogia, el clientelismo y la sumisión de la política a la economía.
Esto ha generado una falta de confianza en los partidos y el interés del pueblo hacia la política partidaria.
Todo esto está provocando en América Latina y también en los países del norte, que surjan nuevos movimientos sociales que luchan desde diversos ángulos por la transformación de las estructuras sociales.
Ahí tenemos, por ejemplo, los foros ciudadanos cada vez más numerosos y activos, y los Foros Sociales.
Para que el movimiento social signifique una fuerza de cambio debe deponer intereses personales y de grupo, sobre todo en sus líderes. Debe superar la oenegizaciòn, pues el movimiento social no debe depender de los proyectos y financiamiento del exterior para su funcionamiento, sino esencialmente de su convicción y capacidad de sacrificio y de lucha de sus miembros, para luchar por una revolución social democrática y pacifica.
Sin embargo, estoy convencido de que no podrá haber revolución social firme y duradera, sin que se desarrolle al mismo tiempo una revolución de la conciencia. Aquí está el secreto y la piedra angular.
La revolución de la conciencia implica;
-Conciencia social, que es conocimiento de la realidad y sensibilidad que hace sufrir a las grandes mayorías del pueblo.
-Conciencia critica para analizar las causas estructurales de la realidad social y económica.
-Conciencia ecológica, para sentir en carne propia la degradación ambiental a causa de las políticas salvajes del sistema dominante y tomar medidas organizadamente frente al cambio climático.
-Conciencia de ciudadanía universal, pues el movimiento social y popular está llamado a revertir la globalización neoliberal por la globalización de la justicia y la solidaridad. Somos ciudadanos del mundo antes que de esta región o país.
En palabras de Pedro Casaldàliga, decimos que hay que pensar globalmente, mundialmente, actuando localmente. De ahí la necesidad de superar los nacionalismo cerrados.
-Conciencia ética, que significa liberarse de cualquier otro interés personal, grupal, regional o nacional, sea de carácter económico o político en aras de la justicia social, la equidad y el bien común.
La conciencia ética, que es honestidad, transparencia, pasión por la verdad, justicia, espíritu de servicio y solidaridad, es base para el desarrollo de una revolución social.
Yo estoy convencido de que la esperanza para el cambio del cual está hoy urgido el mundo, no va a llegar por los partidos sino por el movimiento social y popular, revolucionado en su conciencia y configurado en una gran red de redes a nivel regional, nacional y mundial. Ahí está el reto.
Fernando Bermúdez (Norte de África)
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VII Congreso Centroamericano de Antropología
San Cristobal de las Casas, Chiapas, México
16 al 20 de febrero 2009.
MESAS DE TRABAJO INSCRITAS
Mesa 1. La docencia de la antropología nacional propia en las instituciones de formación de antropólogos en Centroamérica y México.
Mesa 2. La etnomusicología en Centroamérica y México: panorama y tendencias.
Mesa 3. Turismo, patrimonio cultural y desarrollo sustentable.
Mesa 4. Coincidencias y desencuentros entre las políticas hídricas y las problemáticas locales en torno al agua en Chiapas y Guatemala.
Mesa 5. Patrimonios colectivos de las ruralidades centroamericanas: ¿restauración o tragedia sin fin?
Mesa 6. El papel de las convenciones sociales en el diseño de políticas públicas para el desarrollo local.
Mesa 7. Juventudes rurales e indígenas centroamericanas. Identidades, cambios y continuidades. Lo que sabemos, nuevos problemas y perspectivas de estudio.
Mesa 8. Reconfiguraciones en la unidad doméstica, la familia y las relaciones de género en contextos urbanos y rurales cambiantes.
Mesa 9. Migraciones en Centroamérica y México: causas y efectos socioculturales.
Mesa 10. Políticas migratorias, género y vulnerabilidad.
Mesa 11. Migraciones internacionales, identidades y procesos de cambio sociocultural y económico en regiones de frontera.
Mesa 12. Fincas y finqueros en la historia moderna de Chiapas y Centroamérica.
Mesa 13. La reconfiguración étnica de las ciudades en el marco de la globalización.
Mesa 14. Justicia, gobiernos indígenas, sistemas normativos y poder en contextos de transnacionalización, globalización y multiculturalismo.
Mesa 15. Participación y cultura: expresiones de la cultura política en México y Centroamérica.
Mesa 16. Memoria, pensamiento crítico y descolonización. Desafíos actuales de la Antropología en y desde Nuestra América.
Mesa 17. Lenguaje ritual y espiritualidad en el mundo maya.
Mesa 18. Devoción y persecución a las imágenes. De la tradición a la New Age.
Mesa 19. Antropología y mujeres.
Mesa 20. Proceso salud-enfermedad-atención.
Mesa 21. Procesos y contextos educativos. Una perspectiva antropológica.
Mesa 22. Identidades múltiples en la literatura actual en las lenguas indígenas.
Mesa 23. Translingüística y semiótica de la cultura. Herramientas para el estudio de la tradición oral.
Mesa 24. Estudios de multiculturalidad en las grandes montañas de Veracruz, México.
Mesa 25. Identidad, interculturalidad y cambio social de los mayas.
Mesa 26. Avances de la Antropología forense en Centroamérica: “Un esfuerzo por recuperar a nuestros desaparecidos”.
Mesa 27. La Antropología forense en Guatemala.
Mesa 28. Las epistemes del cuerpo.
Mesa 29. Del pensamiento crítico a la crítica del pensamiento antropológico.
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+ Info:
María Dolores Álvarez Arzate
Docente Titular e Investigadora
Antropóloga-Etnóloga
UNAN-Managua
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-COLOQUIO 7: ALREDEDOR DE LA OBRA DE MARIO LÒPEZ LARRAVE: “BREVE HISTORIA DEL MOVIMIENTO SINDICAL GUATEMALTECO”
Convoca: Grupo Universitario “Ixmulev” (USAC-GUATEMALA).

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7
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KULTUR-TULUM: APERTURA DE LA SECCIÒN CULTURAL DE ESTA REVISTA EN OCTUBRE PRÒXIMO.
Ver Breve nota anticipatoria.
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fin
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Direcciòn alterna:
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Repensando la Realidad Social Latinoamericana